martes, 28 de septiembre de 2010

para el festejo patrio que nos falta

Las revoluciones aunque no sean centenarias, nos llenan de sangre y de llantos, nos llenan de orgullo y victorias, nos llenan de batallas perdidas.
Las revoluciones nos duelen en los ojos, destruyen mundos enteros, para construir lo nuevo roca por roca. Se nos llenan de sueños caídos los brazos, para atrapar esperanzas nuevas. Porque para extender las alas que se olvidaron de volar, hay que caer desde muy alto.
Las revoluciones no son renacimientos,  para hablar de revolución hay que robarle el prefijo, hay que aceptar el desconcierto de abrirle los ojos al mundo que se nos presenta como ese algo que es otro. Otro que no conocemos.
Las revoluciones cuando son centenarias, se celebran a lo grande, se lanzan los gritos al cielo,  pintan de tres colores  plazas completas, se olvidan las muertes, se celebran las vidas.
Las revoluciones cuando son centenarias, son revoluciones inconclusas, batallas de ideales olvidados, banderas en la calle, ojos cerrados,  son espejismos, son nostalgias.
La revoluciones centenarias, será que nunca fueron revoluciones…

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